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martes, 23 de diciembre de 2014
Desde Coach Integral Services os deseamos FELIZ NAVIDAD...
jueves, 31 de julio de 2014
lunes, 28 de julio de 2014
'Cinco cambios en el día a día que te empujarán a alcanzar el éxito' por Álvaro García Ruiz
¿No sabes cómo ser más productivo? ¿Te agobias con rapidez? ¿Tienes algún compañero que tiene el mismo éxito en el trabajo y en su vida personal y no eres capaz de descifrar cómo lo hace?
El éxito y la felicidad dependen de dos factores. Uno es externo, mientras que otro reside en uno mismo. Es complicado influir en los agentes externos a nosotros, pero sí que se puede hacer lo máximo posible por nuestra parte para serlo.
Por estas razones, Eric Barker propone en el semanario The Week una serie de cambios que cada uno debe hacer en su vida y que siguen esas personas felices, exitosas y satisfechas con su existencia.
1. El ritual matutino
La autora Laura Vanderkam estudió los hábitos de los triunfadores y encontró una característica común para la mayoría de casos. Madrugaban y solían tener los mismos hábitos cada día.
Puede parecer un hecho sin demasiada importancia, pero la escritora señala la importancia de levantarse y poder disfrutar algo antes de que empiece la locura del día y así sentir que se tiene todo controlado.
Es necesario tener algo de tiempo y poder establecer una serie de objetivos porque ello servirá para tener una mayor confianza y sentir que la situación está bajo control.
2. Lo importante al principio… y sin distracciones
El cerebro se encuentra en mejor forma las dos horas y media después de haberse levantado del sueño. Mejor no perder el tiempo en absurdas reuniones o pegando la oreja al teléfono.
Pensar antes de actuar y parar cuando algo se te atraganta son dos excelentes consejos
Estudios demuestran que la capacidad receptiva del cerebro puede variar entre un 15 % y un 30 % durante el transcurso del día, así que por lógica será mejor dedicar las horas de mayor productividad cuando nuestro cerebro funcione al nivel más óptimo.
Muchos probablemente estéis pensando que tenéis que hacer lo que diga el jefe cuando llegáis a vuestro puesto de trabajo. La solución que proponeJason Fried es sencilla: levantarse un poquito antes y trabajar algo en casa o llegar con algo de anterioridad al puesto de trabajo.
3. No te “quemes” cuando te sientas mal
Al igual que lo comentado en el primer punto, es muy importante tener la sensación de que todo está bajo control. Todos en algún momento dado nos hemos agobiado o no hemos sabido cómo seguir en alguna tarea.
Seguramente estemos de acuerdo en que es una sensación bastante irritante y llena de impotencia. Y, probablemente, todos hayamos cometido el error de querer seguir como sea con el trabajo sin pararnos a pensar un momento.
Esta es una decisión nada acertada, mejor pararse un rato, echar una minisiesta o un pequeño descanso. Pese a que parezca una pérdida de tiempo, en realidad servirá para ordenar ideas y restablecer nuestro orden interno.
Al fin y al cabo, diversos estudios muestran que las personas exitosas y persistentes dedican más tiempo a pensar, ya que tener las ideas claras y los objetivos marcados son claves para lograr los propósitos.
4. El trabajo aburrido y pesado para la tarde
Por la mañana toca pensar… y por la tarde copiar. Está bien dedicar el tiempo más creativo durante las primeras horas del día, pero no todo es tener ideas lúcidas, también debe existir un trabajo detrás y ese es el que se ha de llevarse a cabo en esas horas en las que nuestra cabeza sigue funcionando correctamente, pero no muestra su mejor rendimiento.
Dedica cada momento a cada cosa. La noche está para descansar
Un truco para gozar de mayor productividad en estas situaciones es estar rodeado de gente. Un estudio de David Nowell, neuropsicólogo y profesor de la Universidad de Oxford, indica que la gente con TDAH logra trabajar más cuando hay gente a su alrededor. Todos tenemos que realizar tareas que nos parecen un soberano aburrimiento, pero siempre son más llevaderas si las realizamos con alguien a nuestro lado.
5. La noche está para relajarse
Este es el rato para desconectar. Puede estar bien dedicar un rato antes de la cena a pensar objetivos para el día siguiente, pero la tónica general ha de ser tranquilizarse y pasar un buen rato. La asociación americana de psicología señala que el abuso del alcohol, videojuegos, televisión o fumar es una mala idea. Mientras que destaca el deporte, leer, la música o realizar ejercicios espirituales (en el caso de los fieles) como las mejores actividades para relajarse. Y, sobre todo… dormir lo suficiente.
miércoles, 4 de junio de 2014
'Cómo vivir la Vida' por Enrique Rojas
LA VIDA es la gran maestra, enseña más que muchos libros. Píndaro decía: «Atrévete a ser tú mismo». Vivimos tiempos de extravío. Veo mucha gente perdida en lo fundamental, desorientada, flotando sin saber bien hacia donde dirigirse. El mundo está terrible como siempre y apasionante como nunca. Ardiendo y fascinante. La coreografía se mueve en el escenario de la Historia actual como una amalgama de hechos e intenciones, luces y sombras en donde se mezcla lo bello y lo que repudia, hay admiración y desdén. Como en la fábula de Iriarte nos preguntamos: «¿Son galgos o son podencos?». En el parque jurásico de la vida moderna encontramos de todo. Entramos en el polígono industrial de un mundo que ha cambiado más en 20 años que en un siglo. En la sociedad de la información, donde cada vez tenemos mas noticias pero menos gente con formación, que es criterio, saber a qué atenerse e interpretar bien la realidad en su complejidad y en sus conexiones. Voy a desmenuzar cada una de las distintas etapas de la vida –infancia, pubertad, adolescencia, primera juventud, madurez y tercera edad– dando unas pinceladas sobre lo más interesante que circula por ellas.
La infancia es un periodo decisivo donde se lleva la palma la relación madre-hijo. El niño va descubriendo la vida de forma gradual y progresiva. La primera exploración que hace el niño es a través de la boca: ésta se convierte en el primer elemento para contactar con la realidad. Las mucosas bucales van a ser la primeras en explorar la realidad que está fuera de él. Con seis, siete u ocho meses el niño ya gatea y enseguida empieza a andar. Son los primeros atisbos de libertad. Cuando el niño tiene año y medio maneja 40, 50 o 60 palabras, con tres años 1.000 palabras. En ese espacio de tiempo se ha producido un aumento exponencial del lenguaje. Nombrar las cosas es apoderarse de ellas. El lenguaje es anterior a la gramática.
El progreso del niño se hace de forma secuencial, pero es impresionante y se suceden distintos momentos en él: la edad del sueño; la edad del juego, que se acompaña de la sociabilidad: el niño empieza a relacionarse con otros… y aparece la fase personalista (yo, mi, mío…) , la edad de la obstinación (el niño quiere hacer su voluntad y que los más cercanos se inclinen en esa dirección), viene después la entrada en el jardín de infancia y en la escuela, que es decisivo. Entre los seis, siete u ocho años viene la comprensión analítica y el pensamiento conceptual. Pero tengo que decir que casi todo está en la infancia. Esto quiere decir que si un niño ha crecido en un ambiente afectivo y educativo adecuado, va a salir de ella fortalecido. Viene la edad de las preguntas (¿eso qué es?, ¿para qué sirve?). El niño se vuelve una especie de filósofo incipiente. La fase escolar se extiende desde los seis a los diez o doce años. Asiste a importantes cambios físicos y psicológicos. La imaginación y la fantasía asoman en primer plano de su conducta. Y la visión de perfiles borrosos que tenía hasta ese momento se va haciendo mas nítida y mejor dibujada. Su visión de la realidad va a ser cada vez mas objetiva. Es fundamental la colaboración entre escuela y familia. Una buena educación familiar debe descansar sobre esta tetralogía: 1. Presencia simultanea del padre y de la madre. 2. Comunicación afectiva centrada en sentimientos positivos de amor y ternura. 3. Transmisión de valores vividos por los padres: uno es lo que hace, no lo que dice. 4. Tener una disponibilidad socioeconómica suficiente.
La pubertad se extiende en las chicas de los 10 años a los 14 y en los chicos de los 12 a los 17. Va desde las primeras manifestaciones de la maduración biológica o corporal hasta el final de la misma. Y aparece la capacidad de generación: la primera menstruación en las chicas y la primera eyaculación en los chicos. Es la denominada edad del pavo. La pubertad es la antesala de la adolescencia.
La adolescencia es el periodo de la formación de la personalidad. Es complicado señalar el límite cronológico de la adolescencia con la primera juventud. Su contorno es borroso, desdibujado, etéreo, de perfiles imprecisos, zigzagueantes y desiguales, y se ponen de pie las cuatro piezas de la maduración: física, psicológica, social y cultural. La madurez física es un proceso natural. Que va en la chicas de los 15 a los 20 y en los chicos de los 17 a los 23, aproximadamente. Hoy se ha alargado la adolescencia en los chicos por motivos de índole muy diversa… y uno se encuentra con chicos de 23 o 24 años que son auténticos adolescentes.
La madurez psicológica hace referencia a la madurez de los sentimientos, a la intelectual, a la de la voluntad y a la de la vocación profesional. La madurez afectiva es una dimensión clave y consiste en descubrir los sentimientos y emociones y saber gestionarlos de forma correcta, incluyendo a la sexualidad dentro de ese perímetro. La madurez intelectual debe apuntar a que el joven aprenda a utilizar los instrumentos de la razón. El orden es uno de los mejores amigos de la inteligencia. Aprender a pensar, desarrollar espíritu crítico positivo, dar argumentos y descubrir el sentido de la vida. La madurez de la voluntad es decisiva, ya que ella es la joya de la corona de la ingeniería de la conducta. Tener voluntad es ser capaz de diseñar objetivos concretos, bien delimitados y poner todo el esfuerzo posible para irlos alcanzando. La vocación profesional consiste en ir descubriendo las preferencias personales y qué quiere cada uno ir haciendo con su vida en relación con el trabajo. Aquí debemos destacar dos tipos: los que tiene una vocación definida y saben lo que quieren y aquellos otros que no tienen claro qué quieren hacer con su vida y necesitan de consejeros operativos. Y finalmente dentro de la madurez psicológica un apunte sobre la madurez de la personalidad. Este apartado es decisivo y aquí debo subrayar la enorme importancia de tener modelos de identidad sanos, atractivos, sugerentes, que nos arrastran a seguir en esa dirección.
La madurez social significa la capacidad para tener un buen nivel de contacto interpersonal: adquirir habilidades sociales, tener recursos para la comunicación, conocer las reglas del juego social, evitar el miedo al qué dirán, luchar por ir metiendo en el comportamiento personal la naturalidad, no buscar la aprobación de los demás, evitar el victimismo, saber pedir consejo, seleccionar bien a los amigos.
Cuando eres joven estás lleno de posibilidades, cuando eres mayor estás lleno de realidades. Son dos notas claves de la biografía, posibilidades frente a realidades. El adolescente no está hecho para el placer, sino para el heroísmo y van apareciendo de una forma sigilosa pero rotunda los cuatro grandes argumentos de la vida, abriéndose paso entre masas de pensamientos: amor, trabajo, cultura y amistad. Y cada uno enseña el paisaje que se esconde en su interior.
EL AMOR es la poesía de los sentidos, la inteligencia es la nitidez de la razón. Ahí entra la importancia de la educación. Educar es introducir en la realidad con amor y conocimiento. Educar es enseñar a pensar, mientras que la cultura es enseñar a vivir. Educar es convertir a alguien en persona. Educar es seducir con los valores que no pasan de moda. Aquí entra la importancia de los padres. Un buen padre vale más que cien maestros. Una buena madre es la mejor universidad doméstica. Porque quien sabe querer sabe exigir.
La primera juventud va desde los 25 años a los 35, o mejor decir a los treinta y tantos largos. Aquí se consolidan los grandes argumentos del proyecto de vida antes mencionados. El trabajo profesional y la vida afectiva llevan la batuta. La juventud no depende de los años, sino de la ilusiones por cumplir y ya se juntan la cultura y la amistad. La cultura es libertad, el privilegio del conocimiento vivido. La cultura es lo que queda después de olvidar lo aprendido, es la memoria del tiempo. Hay que pasar de la cultura del éxito (que es un gran error) a la cultura del esfuerzo (que es la más acertada y descansa sobre el orden, la constancia y la voluntad).
La madurez sucede de los 40 años en adelante. Ya hay balance existencial: haber y debe. Y cada segmento de nuestra travesía echa una mirada hacia atrás sobre cómo han ido las cosas. Hacemos cuentas con nosotros mismos. Salen a la palestra los grandes asuntos de la vida que son analizados aunque nos resistamos porque están ahí. La madurez es serenidad y benevolencia. En esa época de la vida hacemos inevitablemente balance existencial: haber y debe; y cada segmento de nuestra travesía rinde cuenta de su viaje. Surgen los grandes asuntos de la vida y les pasamos revista. Muchas veces las cuentas no salen. Es fundamental reconciliarnos con nosotros mismos y tener la nitidez de saber que la vida no va bien sin buenas dosis de olvido. Cada uno necesita reconciliarse con su pasado.
La tercera edad tiene igualmente una cronología compleja ya que la expectativa de vida ha crecido en Occidente de forma extraordinaria. Pero lo que es indudable es la disminución de las capacidades físicas, psicológicas y sociales que dan lugar a un gran cambio en la persona. Lo que sí me gustaría dejar claro es que uno se hace viejo cuando sustituye sus ilusiones por sus recuerdos. O dicho de otra manera, cuando uno empieza a mirar más hacia atrás que hacia delante. Y aquí es bueno evitar tres males: la excesiva soledad, la inactividad y la rutina. Hay que preparar bien la jubilación para que no sea algo brusco, ni un giro de 180 grados. Y afrontar la muerte con visión sobrenatural, es decir, tener claro que el animal termina, pero el hombre no muere.
Si los años arrugan la piel, carecer de ilusiones arruga el alma. Decía Cervantes «la felicidad no está en la posada, sino en medio del camino». Ser feliz es poseer lo que uno desea. Y lo mejor es no desear demasiadas cosas y no equivocarse en las expectativas.
Enrique Rojas es catedrático de Psiquiatría y autor del libro Vive tu vida. (Ed. Temas de Hoy).
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